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Guansaponatáin

Confiado

Confiado

Hace muchos años, en el trabajo, un compañero, Ramón para ser más específico, dejaba sus entremeses en un cajón de su escritorio, y es que ¡ah, como aprieta el hambre entre comidas!

Bueno, guardaba galletas, dulces, y sus favoritos Churrumais, su cajón era todo un arsenal; su lugar estaba frente al mío, así que podía verlo directo. Un día llegó decidido a comerse sus deliciosos Churrumias con limoncito y al sacar la bolsa se detuvo extrañado, palpó la envoltura y la abrió muy despacio; alguien se había comido sus frituras pero amablemente le dejaron una nota, él la abrió despacio y leyó, se puso rojo de coraje, pero al instante lo tomó con humor y esbozó una sonrisa, le pregunté qué pasaba y me mostró la nota. Decía: Gracias. Yo me reí mucho, se me hizo buena puntada y como además soy bien burlón, pues confieso que lo disfruté. Bueno, en general a todos los compañeros, entre ellos el maldoso tragón, les pareció gracioso.

Pasó el tiempo, tres semanas supongo, y Ramón seguía con su hábito, llegó, se sentó en su lugar, metió la mano al cajón y al sentir apretó los ojos, se puso rojo e hizo cara de "no puede ser, otra vez estos $%/%&·/·&&·)/ me dieron vuelta". Sacó muy despacito su bolsa de Churrumais, abrió la bolsa vacía, pero eso sí, llenita de aire, y sacó una nota. Decía: Gracias otra vez.

En la tortería

En la tortería

Hay veces, por lo regular los viernes, que mis compañeros del trabajo quieren salir de los habituales comedores para probar algo diferente. Un día de esos fuimos a una tortería que está cerca; lo primero que hicimos fue ver el menú, torta Tyson, Cubana, Marciana, Petrolera, y muchos más nombres raros, pedimos cada quien lo que nos íbamos a comer, yo pedí una Marciana, porque llamó mi atención el nombre y además se leía buena, lleva salchicha, pierna, chorizo, quesillo y milanesa, además ¡cuesta 25 pesos!
Al lado de nosotros estaban personas de otra empresa que fueron juntas a comer y cuando se empezaron a retirar le dejaron el dinero a una señora para que ella pagara, se quedó muy tranquila platicando con una amiga; yo estaba muy cerca de ellas.
Cuando ya se iban, le pidió a la mesera que le diera la cuenta, ella empezó a preguntarle lo que se habían comido y tachaba en su lista.
-¿Cuatro tacos de bistek?
-Sí.
-Una Cubana.
-Sí.
-Una Suiza.
-Sí.
-Una Petrolera
-Sí. ¿Cuánto es?
Entonces la mesera se le quedó mirando dubitativa y le preguntó:
-¿Y la Marciana?
La señora lo pensó un momento, le pasó el brazo amigablemente por la espalda a su compañera y dijo:
-Ella ya comió. Gracias por preguntar.
Los que estábamos cerca nos reímos con ganas.

En realidad la Marciana ya la habían pagado antes. Así que debía estar fuera de esa lista.

Cosas del transporte público

Cosas del transporte público

Viernes 13 de mayo.

Será porque es viernes 13, pero no sé si lo que escuché hoy fue de terror o de risa.

Dice un muchacho como de 20 años que iba parado junto a mí en el metro, que lo picó un insecto, parecía una hormiga pero no era, entonces le salieron ronchas en los brazos, se durmió y cuando despertó ya no las tenía, pero "le dolían los brazos como si le dolieran". O sea...

Y en el microbús una señora indignadísima le iba contando a su comadre que la maldita maestra de su hijo, cuando les revisa trabajos y exámenes les califica la ortografía y por eso va a salir muy bajo de calificaciones. Y dijo "No estoy de acuerdo para nada, pues ni que mi’jo estuviera en la primaria". 

Casi me río en frente de la señora.

No cabe duda que el transporte público es una fuente de ideas e inspiración.

Como ensartar al baquetón o del Cerdito rojo

Como ensartar al baquetón o del Cerdito rojo

Baqueta: persona insolente, descarada (según la Real Academia Española).

 

Ensartar: Coger, humillar, chingar (según yo).

 

Jueves 7 de abril.

 

Veníamos de un ensayo de Sebastián para su examen final de la escuela de actuación y nos subimos al metro en Buenavista, eran más o menos las 7 de la noche, o sea la hora pico, y pues ya sabrán, como es la primera estación de la línea, al abrir las puertas parece reja de rastro, liberada para que los cerditos salgan a comer tortillas duras; todos se avientan, muerden y meten cuerpo cual tacle de la NFL. Nosotros entramos después de todos estos animalitos, bueno, nosotros y las mujeres, porque como todos sabemos, los "cerditos que alcanzaron tortillas (asientos)" fueron puros del género macho.

 

La cosa quedó así, el vagón era de los que traen los asientos dobles espalda con espalda y uno individual, de los que tienen el letrerito con dibujos indicando que el asiento se seda a mujeres embarazadas, ancianos y no sé que más... Bueno pues los animalitos mágicos, se sentaron y se durmieron. ¿A poco no es magia la forma en la que ganan el lugar y después del momento de adrenalina, de inmediato se quedan dormidos? (Eso sí, con un ojo abierto, no sea que llegue un predador mayor) Entiéndase como predador mayor a una viejita, mujer embarazada, etc.

 

Yo iba parado en medio del pasillo, donde se unen los asientos dobles espalda con espalda, cargando a Iñaki, que influenciado por la sustancia mágica-dormilona del metro, se me quedó dormido en el hombro, luego iba Katia, Sebastián entremetido en el espacio que dejan las piernas (o patas) de los "dulcesueños", y junto a él una señora embarazada, con la espalda resguardada por su esposo.

 

Pensé en la pocamadrés de estos bueyes (perdón: cerditos) que teniendo a la futura madre en frente y habiéndola escaneado con el "ojo atento", ninguno se hubiera levantado para darle el asiento... Digo, yo traía cargando a mi hijo, y mi recorrido fue de 15 estaciones, pero obviando la mentalidad de los animalejos, me dije, bueno, pues ya me chingué, a cargar al chamaco, ¡pero la embarazada!, ahí si que no mamen los bueyes... Ah, perdón, los cerditos.

 

Entonces, después de como diez estaciones recorridas, y de ir todos apretujados porque además el tren iba hasta la madre de gente, me reclamó el cerdito rojo que traía junto a mí, todo indignado el idiota -Me viene ensuciando el niño-. Yo ni me había dado cuenta, porque venía más preocupado por contener el peso de Iñaki, y de los demás que venían recargados en mí, pero Katia de inmeditato le respondió toda agresiva -Pues que no ves que viene dormido el niño-. Entonces Salvador (O sea yo) intervino, todo educado el muchacho, y dijo- Discúlpame amigo, no me había fijado, pero si te paras y le das el lugar a la señora embarazada, ya no te vamos a ensuciar más-. Y en mi favor (porque el cerdito rojo estaba re grandote y fuertote) la gente se carcajeó, lo que supongo lo retuvo. No me esperé esa reacción del público, la verdad yo lo dije lo más irónico que pude, pero no esperé que la gente reaccionara. Entonces el cerdito rojo se levantó, pidió disculpas y todos felices...

 

¡No es cierto! nomás vi su geta de odio por el reflejo de la ventana, por donde me venía echando ojos de pistola, y yo, tan amable, le sonreía; se hizo un poco para adelante para que no lo tacara el tenis de Iñaki y siguió sentadito el hombre... Ah que la... El cerdito pues.

 

¿Qué orilló a este pedejete a llevar a cabo un acto tan estúpido como reclamar esta situación? Seguramente la poca educación y cultura machista mamada en su casa. Obvio tuvo una madre golpeada que nunca se atrevió a contradecir al monigote del padre y mucho menos a darle buenos modales al hijo.

 

Por supuesto que el cerdito rojo, de ahora en adelante llamado "pendejete" por su acto que lo degrado en la escala unos peldaños más, dejándolo todavía abajo de los niveles de idiota, macho, burro, retrasado mental (ojo, no dije Síndrome de Down, sino retrasado mental), indio (ojo, dije indio, no indígena), naco y anexas, tuvo que soportar por su poca educación la risa de muchas personas durante todo el viaje, porque cuando nos bajamos, todavía estaban unos chavos que no dejaban de reírse de él, pero eso sí, ya pudo sentarse muy cómodo.

 

Yo, en su lugar... Bueno, en primera no lo hubiera hecho... Yo en su lagar, me hubiera aguantado el piecito del niño o simplemente me levantaría, pero lo dicho, la educación pobre del pedejete no lo dejó ver lo que podría avecinarse de una simple respuesta educada (pero muy mordaz) a sus malos moditos de pedir las cosas.

 

¡Es que lo pienso y lo pienso y no lo puedo creer! ¿Cómo se atrevió el pendejete, viendo la situación?

 

 

Fuente de la Revolución

Fuente de la Revolución

Jueves 31 de marzo

Fui a recoger a Katia al Teatro de la República, ese que está en la calle de Antonio Caso, porque tuvo funciones de "Griegos". Nos quedamos platicando un rato, parados en la calle, Alejandro, Liset, y nosotros dos, después nos despedimos de Alejandro y caminamos hacia el metro Revolución, y de paso buscábamos un lugar para comer algo, entonces, al atravesar el Monumento a la Revolución vimos encendidas unas fuentes que salían del piso, así nomás, de repente.

Está muy padre porque en el caso de andar turisteando por ahí (como nosotros), te toma de sorpresa, porque ni división hay, no se ven tubos, nada, o sea que hasta puedes quedar en medio del espectáculo si tienes la mala suerte de ir pasando por ahí cuando las activan. La verdad toda la remodelación de este monumento quedó muy bien.

Bueno, la cosa es que salen chorros que llevan un ritmo, a veces rectos, a veces se esparcen como regadera de jardín, y salen con distinta fuerza, ves chorritos, chorrotes, chorrillos y chorros, y además están alumbrados, también desde el piso, con luces de colores; Bueno, se pone requeté bonito, pues... Por cierto, la foto la tomó Liset, no les digo que andábamos turisteando; tomo otra de las fuentes, a ver, si luego me la pasa.

Y todo este espectáculo, engalanado por una jauría de niños y adolescentes que corren semiencueraditos a través de la fuente (no les digo que está rete bonito el chow). Y ya cuando nos íbamos, alcanzamos a escuchar a uno de esos jóvenes dicendo -Que mala onda que no hayan puesto tendederos.

Hay que mandar una queja al Gobierno Federal. ¿Cómo no se les ocurrió?

Pa pal americano mecsicano

Fuimos de fin de semana a Oaxtepec porque cumplió años Tania, la esposa de Alfredo, y nos invitaron a pasar tres días en una casa que rentan de vez en cuando.

El sábado temprano decidimos ir a desayunar al mercado porque querían comer cecina y mientras le entramos a hincar el diente, empezó a tocar La Chapulina (la verdad no me di cuenta si estaban tocando antes, pero la música me llamó tanto la atención que noté su existencia). ¿Como se que se llamaban La Chapulina? Porque nos dieron su tarjeta. Katia fue a grabarlos con el celular y este video fue el resultado.

El caso Cabañas

El caso Cabañas

Vi en el periódico la expresión del rostro que tiene hoy Salvador Cabañas y recordé la película La Fuerza de la Verdad (Regarding Henry, 1991) donde Harrison Ford es un abogado exitoso, pero prepotente y soberbio. Bueno, al amigo tocayo éste, se le notaba desde la sala de mi casa al ver la TV que es (era) un prepotente soberbio, y eso que mi casa está lejísimos del Estadio Azteca.

Se me hizo tanta la casualidad que volví a ver la película inmediatamente, sí, la tengo, es de mis favoritas y creo que en efecto, debe parecerse mucho al caso cabañas. Podrían decir que no tiene nada que ver un abogado culto exitoso con un futbolista inculto exitoso, pero no me refiero a lo profesional, me refiero a lo humano, al volver a aprender todo, desde comer, hasta hablar y comunicarse. No se cuál pueda ser el impacto en él mismo al reconocerse (en videos y fotos) como una persona ajena a lo que ahora es, y el de la familia, al recibir a la persona nueva, tal vez un simple cascarón, y esperar reconocer en él al que fue y ya no es.

Bueno, regresando a lo de su rostro, que es lo que provocó todo este alboroto, es increíble ver como cambió. No cabe duda que volvió a nacer y todos los gestos aprendidos se quedaron en el olvido para dar una nueva cara al señor Cabañas, espero que entre todo lo malo, le sirva para bien. 

Seguiría con esto, pero mejor vean la película.

El acosador

El acosador

Era muy temprano y yo estaba esperando el metro en la terminal de Ciudad Azteca, ahí se llena a muerte el andén, y todos los “caballeros” se arremolinan a la puerta para entrar y ganar un lugar, obvio dejan a las mujeres al final, y todo a base de empujones.

Esto es toda una experiencia para los observadores sociales, de verdad, un día fíjense en todas las barbaridades que ocurren en un momento de estos.

Se abre la puerta y ¡arrancan! Todavía no se detiene el metro y la bola de gueyes ya está pegándose a la puerta, y avanzando arrimados a ella mientras termina de detenerse, pero toda la situación es muy, pero muy cordial, porque nadie mete codazo traicionero, todo es acá bajita la mano y permitido.

Entran corriendo como estampida de bisontes (chocando entre ellos y rebotando), y falta poquito para que algunos, los más desinhibidos, se avienten como beisbolista llegando de safe a tercera base para ganar lugar. Luego, ya con tranquilidad, entran las mujeres embarazadas, ancianos y niños.

En automático, la mayoría de los que consiguieron lugar cierran los ojos, cuelgan la cabeza y se duermen, claro que de vez en cuando abren un ojo y miran a su alrededor, supongo que para vigilar que nadie les espante el sueño.

Ese día en especial, entré tranquilo, cuando ya el zoológico había apaciguado su furia, y me di cuenta que una amiga estaba en el mismo vagón que yo. Obvio parada. entonces mi maquiavélico sentido de la maldad funcionó a toda velocidad y me empujó hacia ella, aunque yo no quisiera, debo aclarar, pero la maldad es más fuerte que yo.

Martha iba agarrada del tubo superior, el de arriba, en el argot futbolero, del travesaño, muy pegadita su mano ahí, donde las arañas hacen su nido, en el mero ángulo pues, y yo puse mi pécora mano junto a la suya y con mi dedo menique rocé muy sugestivo el de ella, entonces sentí su tensión y esperé a que volteara enojada y me dijera todas las groserías de su repertorio antes de reconocerme, y luego reírnos e irnos platicando todo el camino (eso es lo que pensé que iba a pasar, pero no). Su reacción fue quitar un poco su mano y ponerse toda nerviosa, entonces mi angelito del hombro me dijo que le hablara y todo se acabaría, pero mi diablito que se brinca de hombro, le sorrajó un guamazo en plena mollera al angelito y me dije ¡sígueleeee, sígueleeee! Y yo, pues le seguí.

Esperé un minuto más a menos y lo volví a hacer, lo mismo, luego me atreví más y le rocé toda su mano con mis dedos, y nada, nomás se hacía más chiquita en cada contacto. ¡Lo increíble es que no me decía nada! No me volteaba a ver, no hacía ningún aspaviento, nada de nada. Así me la pasé 7 estaciones hasta que tuve que bajarme, me aguanté la risa, porque vaya que aguanté la risa, no podía creerlo. al final, antes de bajarme, le toque su mano desde sus dedos y recorrí suave la mano por su brazo, ¡y nada! Me bajé del metro, todavía me quedé esperando a ver si volteaba para identificar al pervertido, pero ¡nada!

Cuando regresé de trabajar, ella estaba platicando con mi hermana afuera de mi casa, me quedé con ellas y empecé a sacar el tema de los mugrosos esos que se la pasan toqueteando mujeres en el metro y Martha empezó a contar su aventura matutina. Yo me reía y me reía, y nomás me veía feo, hasta que ya no aguanté y le dije que había sido yo. Me gané un chingadazo en el hombro. Valió la pena. Me divertí mucho.

El payaso del metro

El payaso del metro

¿Qué número le corresponde a la línea azul del metro?

Nunca me he fijado, yo las identifico por colores y personajes históricos. ¿Tendrá que ver algo con mi pasado estudiantil donde lo fuerte siempre fueron las Ciencias Sociales y las Matemáticas eran cosa de otro planeta, pero no un planeta de este sistema solar, sino de uno muy muy lejano, tal vez un poco más lejano que los creados por George Lucas?

A ver. Examen. ¿Hidalgo? Padre de la patria. ¿Pino Suárez? vicepresidente durante el corto mandato de Madero (y de él, ya ven como son las balas). ¿General Anaya? Defendió el convento de Churubusco durante la intervención norteamericana. ¿Allende? Inició la independencia junto a Hidalgo. Hasta ahí… Sí, yo creo es por eso, porque de las tablas ni me acuerdo.

Pues un día iba de regreso del trabajo en esa línea, con Lila, platicando, como siempre, y entre vendedores y merolicos se subió un payaso que logró atraer la atención de toda la gente. Era bueno el condenado, te hacía reír y no era vulgar. Traía una rutina novedosa y divertida que nos hizo pasar un buen rato, y cuando le hacía una broma a alguien, les decía “no, no cierto”... Broma a la señora con la bolsa del mandado y no, no es cierto, broma al señor de traje y no, no es cierto, broma al niño panzón y no, no es cierto, y así se la paso un buen rato.

Al final de su magno espectáculo la gente, casi todos, empezaron a sacar dinero para dárselo, nosotros hicimos lo mismo, claro, y Lila, al momento de estirar su mano para darle el dinero, casi al entregarlo, la retiró y le dijo “no, no es cierto”. ¡Toda la gente soltó la carcajada!, en realidad fue una muy buena puntada, nunca se me hubiera ocurrido y a lo mejor ni lo habría hecho, y eso que me considero desinhibido. El primer sorprendido fue el payaso que se quedó desconcertado y pues ni modo, a reírse también, quiso replicar algo, pero la verdad es que Lila, con una sola jugada le había robado todo, todo el show, además de que la gente no dejaba de reírse y no podíamos oír lo que decía. Pero hasta eso lo tomó con deportivismo el muchacho. Fue muy divertido.

Crónicas de Ansina 3: Agripina

Crónicas de Ansina 3: Agripina

Ya se me acaba l’año y nomás no veo pa’ donde jala mila vida, ya como que le agarré el patín a esto de la cargada de costales de verdura aquí en La Mercé y mi primo Filemón dice que hora sí, pa’l año que viene nos va a dejar harto dinero el nigocio que vamos a poner de vender envases de plástico, pet dice él, siempre tan sabiondo el condenado. Ya tenemos medio cuarto lleno de botellitas aplastadas amontonadas hasta el techo y yo, como guen esteta (así dice Filemón, pero a mi me suena a grosería), las voy poniendo por colorcitos, que aquí la verde, que aquí la azul, gueno, ya hasta formé con ellas la cara de Agripina, la verdulera del puesto de las verduras; mi obra parece mosaico de baño público, o del metro Garibaldi, que está rete bonito con sus mariachis y trompetitas; las del metro Guerrero no me gustan porque están dibujados unos jotitos a punto de besarse, guácala, a mi me da como que cosa, pero dice el Filemón, que no son gueis, que es un pasaje de la historia de México, que es el abrazo de Acatempan, o Acatengan, o algo así.

Gueno, regresando a lo de Agripina la verdulera…

-¿Qué, File? ¿Cómo que no le diga así? Pus sí es verdulera, ¿o qué no?

Dice Filemón que aquí en la capital ser verdulera es otra cosa, pero pus si ella vende verduras, es verdulera.

Gueno, otra vez, regresando a lo de Agripina, jijiji… jijjiji… jijiji… ¡Oh, pus qué te trais!... Dice Filemón que deje de reírme como si juera indio, jijiji. ¡Indio tú y tu aguelita, Filemón! ¡Pus éste!

Gueno, pus va de nuez, regresando a lo de Agripina, es chapeaditita, y como barrilito de cerveza, ridondita, ridondita, aunque pus yo no soy así que digamos muy flaco, pero tampoco soy gordo, ¡y soy guero!… ¡Cállate Filemón! ¡Qué te calles, pues!... Ta’ gueno, guero de rancho, aunque de todas formas soy guero. Pus resulta que la Agripina me gusta rete harto, así sin tapujos, y ya mero va a ser mi novia, nomás falta un pequeño pasito. Astedes se priguntarán que cuál es el pequeño pasito, pus nomás me falta hablarle, presentarme con ella y ya está, porque pus ni me conoce, mas cuando esto pase segurito que nos hacemos novios. L’otro día, ya le’aunque, un domingo, la vi dando gueltas en la Alameda, que me paro enfrente de’lla, y…

-Hola preciosa, soy Ansina, ¿te acuerdas de mi? Del mercado, el que pasa cargando costales sin ninguna dificultad enfrete de ti, mientras tú acomodos los jitomates en su huacal; sólo quiero decirte que me encantas y me gustaría invitarte un chicharrón con cueritos. ¡Señor, deme dos, bien preparados!...

Gueno, eso es lo que más o menos tenía pensado decirle, pero la verdá es que ya cuando li’ba a hablar que me da el retortijón en la panza del puro miedito, y gracias a Dios que estaba el puesto de chicharrones con cueritos ahí juntito, que me volteo con el cuerero y le pido uno, ¡fiu! Ella nomás me miro como si yo juera gallina turuleca y se siguió derecho, con sus amigas. Luego me arrepentí, pero en ese momento sentí que se me caían lo chones y no pude atreverme a palabrarla.

Mi propósito pa’ terminar el año era hablarle, digo, esto de la Alameda fue hace ya mucho tiempo, y de allí pa’cá no mi he atrevido a acercarme, pero bueno, mi otjetivo pa’ los prótsimos días será mínimo decirle "hola" y luego echarme a correr ¿no?, pero hoy que llegué al mercado me enteré que se enfermó y no vino a poner su puesto. Dicen que l’hizo honor a su nombre y le dio gripa. ¡Híjoles! Con que no sea porcina, ya ven lo que dice el dicho, “cría cerdos y te sacarán los mocos”.

Pretextos para comer azúcar

Pretextos para comer azúcar

Me declaro tragón profesional, sí, soy facilito para eso de la comida y no me puedo resistir al llamado de mi estómago gritando feroz como él es -¡tengo hambre!-, pero esta anécdota no trata de mí, no, esta es de mis amigas Libertad y Liliana que un día, como a eso de las 9:30am fueron a la tienda para poder soportar la dura jornada laboral sin desvielarse, y comprar algo nutritivo y sano, porque bellas todas ellas, decidieron que debían hacer dieta y ya no sobrepasarse en eso de las calorías.

Entonces comenzaron a surtirse pero bonito, que una peletita, ¡que tanta azúcar puede tener una paletita!, que unos chicles, sin azúcar claro, y así hasta llenar la cajita que llevaban para guardar sus cosas (creo que es importante aclarar que la “cajita” es como del tamaño de una de zapatos… míos). Y al final ¡el chocolate!; -No eso sí que no.

De pronto un pastelito de chocolate (ver foto) brincó a la caja (eso dijo Liliana, yo no le creo nadita). Este delicioso manjar fue causa de una aguerrida discusión donde al final se impuso la razón, la cordura, la moderación, la fuerza de voluntad y la lógica al leer en la envoltura la palabra “Latte”.

-No, chocolate no, amiga, quedamos en ya no excedernos- Dijo Libertad muy firme.

-Pero mira, aquí dice que es LIGTH- dijo Liliana convencida de su francés.

Y entonces Liliana no lo pensó dos veces e inmediatamente y sin remordimiento serró la caja con el chocolate “LATTE” dentro, pagaron echas la mocha y salieron de la tienda antes de que el angelito bueno, ese que se aparece en el hombro pudiera reaccionar y hablarles al oído, y veloces cual gacelas salieron de la tienda, gritando como en las películas mexicanas de la Época de Oro ¡Ábranla que lleva bala! y chocolates Latte, o Light, dependiendo de cómo mire uno el vaso ¿verdad?

The Lion King Evolution

The Lion King Evolution

Salgo a comer, después de unas mega arduas sesiones de de trabajo, entre la una y las dos de la tarde; las compañeras con las que salgo son Diana, Libertad, Lila y Liliana (las puse por orden alfabético, perque luego son bien sentidas). La cosa es que en una plática de comedor salió el tema de cuando los cines eran feísimos, de cuando te daban tu bolsita de cal y un palo por si sentías una rata pasar, le aventabas la cal para poder verla y luego corretearla a palos, de cuando el sonido sólo estaba enfrente y las bocinas retumbaban como baile del Peñón de los Baños, Iztapalapa, Iztacalco o y además estaban voladas, que las pantallas se caían de mugre y todos esos pequeños detalles que son un pequeño lujo, pero creo que... "is worth it".

La cosa es que después la conversación se desvió un poco hacia las últimas películas que habíamos visto en ese tipo de cines; yo dije que había visto Volver al Futuro III en el Futurama, en Lindavista, y después dije que vi el Rey León en un cine de Guadalajara (que por cierto, es mi película favorita de Disney) y entonces Lila dijo que ella también había visto el Rey León en el cine, de hecho esa fue la primer película de caricaturas que la llevaron a ver sus papás.

Yo obviamente me indigné; que clase de papás te llevan a ver como primer película El Rey León, si su servidor ya hasta andaba vagando por las calles de Guadalajara.

Ah, pero aquí se convierte en The Lion King Evolution, porque me dice Lila con su carita de inocencia, -Bueno, es que estaba muy chiquita y fue la primera película que fui a ver-.

¡Changos, monos y gorilas! Golpe bajo a mi arrugas faciales, huracarrana a mi panza de treintaicinco, quebradora en todo lo alto a mi espalda adolorida, sentón a la Huajardo a mis lagunas mentales, etc, etc, etc, y más etcéteras... y otros más.

El Rey León ya no es mi película favorita de Disney.

Crónicas de Ansina 2: El rey

Crónicas de Ansina 2: El rey

 

-Se difuntió Máicol Yacson-, me dijo mi compadre, bien rete preocupado y compungido porque dice que era rey, y cuando los reyes se difuntean, pues llega su sustituto y se queda con el tronco, y yo digo, pus pa’ que quere un rey troncos...

-¿Qué cosa, compadre? Ah, sí, trono.

Y pus yo digo, ¿pa qué quere un rey el trono?, si en cada baño hay uno, gueno, igual y será un trono di’oro o algo por el estilo, como plata, acero o plutonio. ¡Igual y de diamante! Imagínensen.

Gueno, pero la cosa aquí es que dice Filemón, o sea mi compadre, que este rey no va’tener quien quede en su lugar, así que pa’yudar a la sociedá, porque yo soy muy dado a ayudar a la sociedá, filantrotópico dice mi compadre, me di a la tarea de pedirle al señor de Elektra, ahí donde tengo mi televisionzota plasmada...

-¿Qué? ¿Cómo, Filemón? Ah, sí, televisionzota de plasma.

Me di a la tarea incansable de ver emtiví y viechguán pa’ localizar un pusible nuevo rey, porque, ¡ah canijo!, mi aclaró mi compadre que era rey, pero de música.

Yo me dije, ¡ah chinga! Yo creiba que los reyes eran de países, pero en fin, después de meditarlo a consencia y con la ayuda inteleitual de Filemón, cayí en la cuenta de que sí, sí hay reyes de muchas cosas, como el rey de chocolate con nariz de cacahuate, el rey del mambo, el rey de reyes, el reinito de Amores Perros, el rey que no tene trono ni reina ni nadie que lo comprenda pero sigue sendo el rey, Rey-naldo Navia que jugó en el América, ReyGadas que hace una pilículas bien rete extrañas, Amayani Rei de Evangelion, el rey de Escocia que ni era rey ni era de Escocia, y así sacamos una listota yo y mi compadre, ‘onde mesmamente hay hartos reyes que no son reyes de países.

Rigresando al asunto, mi puse a ver la tele pa’ buscar posible sustituto, pero pasaron harta música de Máicol Yacson, que disque de homenaje, donde conocí al guerito éste, ¿O era negrito? ¿Era prieto o güero? Porque en unas piliculitas salía… -¿Cómo, compadre?-... Ah, sí, porque en unos videos sale blanco blanco y en otros más prieto que su servidor. Esto me recuerda a los Gutiérrez, de allá del pueblo, que querían ser blancos como el español de la tienda de ultramarinos, y se polveaban de harina todo la cara y las manos, que era lo único que se veía dibajo de todo el montón de zarapes con los que se cubrían diario a pesar de que en el pueblo hace riti harto calor, porque dicían que el español era rico y tenía una mujer muy bonita; mesmamente por eso querían ser como él. ¿Será algo parecido?... ¡No!, no creo, si este siñor se ve que tinía riti harto dinero, y pus con riti harto dinero pudia tener todas las mujeres que se le dieran la gana.

-¿Qué compadre? ¿Cómo que niños, compadre? No entiendo, Filemón.

Gueno, regresando al asunto... –Sí, ya lo sé que sempre me salgo del tema, compadre, pero ya me regresé-.

Ya después que se pasó la euforia Maicolyacsística (ah, que términos tan inteleituales se revienta mi compadre Filemón ¿Qué sería de mi sin él en esta ciudá tan enorme?), regresaron a la tele los videos de todo tipo de artistas, pero pus no creo que ninguno de ellos le llegue, porque el Máicol se reventaba unos pasitos que se pegaban y daban ganas de imitarlos, nomás que en mis primeros intentos casi tumbo otra tele plasmada y el polecía me regañó riti duro y me amenazó con sacarme de Elektra si no me estaba en paz, así que mejor me conformé con sólo mirar y reprimí todos mis ímpetus de bailarín projesional, porque déjenme decirles que cuando organizaban bailes en el pueblo con la banda y toda la cosa yo era el más… -Sí, compadre, ya no me vuelvo a desviar del tema.

Y aluego esas canciones tan bonitas, que no les entendí nada, pero que eran rete pegajosas y todavía las traigo saltando en la cabeza, no las pude comparar con otras di’otros artistas, gueno, hasta terminé aburrido de tanto tumb tumb y nada más que tumb tumb. Yo creibo que las canciones Triler, biliyín y bitit, estaban riti pegajosas, así como bolillo con cajeta. También me gustó una que dicía aim bet aim bet, pero cuando mi compadre Filemón me dijo que en inglés quiría dicir soy cama soy cama, no le vi mucho sentido.

Tonces decidí cambiarle de ritmos y le dije al poli que le pusiera en otro tipo de música, y fue cando lo discubrí, ahí, entre tantos videos di’otros tantos artistas y artistos, aparececió, emanando de su cuerpo una luz blanca igualitito que’l Espíritu Santo, ahí estaba él, con sus bototas, su música del cielo y su voz angelical, ahí, resplandeciente, s’incontraba él, Valentín Elizalde.

Lo único malo es que se petateó antes.

Ni modo, el trono sigue vacío; yo creibo que’hora al único que le queda la chanza de tomar el reinado es a José José, porque de “príncipe de la canción” a rey, nomás hay un saltito, ¿o no?

Cuántos años? Pues

Cuántos años? Pues

El sábado fui al cine a ver 10.000 A.C. y el señor que estaba formado delante de mi en la taquilla comenzo una feroz y férrea discusión con la cajera porque el quería tres boletos para la película "Mil años".
-¿Diesmil antes de cristo?- Preguntó la cajera.
Tres para mil años, ¿verdá Raquel?
Y Raquel, mujer cuarentona que no le vi la cara, pero de seguro traía un ojo moro porque se veía que su esposo era de al tiro rejego y muy, pero muy hombre, nomás movió poquitito la cabeza, afirmando que sí, que lo que su viejo decía, era palabra cierta.
-Ve cómo sí, deme tres pa´ esa-
-Tres boletos para diesmil a.c. en la sala 6 a las 5:30-
-Mil años-
...
Y después de unos minutos que fueron largos largos, la cajera decidió, arriesgando que le rompieran el vidrio de la taquilla y la zarandearan por todo Cinemex Real, entregar tres boletos para la misma película que yo iba a ver.
Lo bueno fue que durante la proyección, no hubo señales de este hombre, sino por algunos gruñidos y gritos contra los malos.
Hay que sacarlos más seguido ¿no?

El pollo guapo

El pollo guapo

Mi hijo es malo, maleta, malísimo para contar chistes, (en lo que cabe en un niño de 7 años) y después de su último intento por hacerme reír decidí enseñarle uno muy conrtito y que pudiera funcionarle.
-¿cuál es el pollo más guapo?- le dije.
Algo desinteresado, pensó la respuesta como media milésima de segundo y me dijo que no sabía.
Con un ademán de brazos muy exagerado me señalé y dije -¡Po’ yo!-
Se me quedó viendo con la cabeza de lado, no sé si analizándome a mi o al chiste y se sonrió. 
-¿Entendiste?-
-Sí- Me dijo y se rió.
Entonces lo animé.
-Ve con tu mamá y cuéntale el chiste como si fuera tu maestra.
Muy nervioso, empezó tartamudeando, pero luego se controló y preguntó:
-¿Mamá?
-No,- lo detuve -has de cuenta que es tu maestra; dile maestra.
-Maestra ¿Sabe cuál es el pollo más guapo?
Su mam... Digo, la maestra la pensó un poco.
-No, no sé. ¿Cuál es?-
Y acompañado de un además de brazos muy grande, como formando un círculo, le dijo -¡Pues mi papá!

La adorable viejita

La adorable viejita

Hace algunos ayeres, cuando rondaba más o menos por la quincena de años, venía con mi hermano y mi primo Miguel de regreso a la casa, abordamos una pesera en el metro Moctezuma y ahí comenzó lo bueno.

De entre todos mis primos, creo que yo soy el más serio, o sea que imagínense el desmadre que se arma cuando nos juntamos. Para ponerlo en una balanza, en el trabajo me preguntan que de dónde se me ocurren tantas estupideces, y la verdad es que hay pocos que me den batalla; ahora, si comparamos las mías, con las que dicen mis primos, pues sí soy un amateur. De aquí podemos partir con el relato.

Ibamos a la mitad del camino de regreso a casa de mis abuelos y ya traíamos bastante divertida a la gente, bueno, más bien, traían bastante divertida a la gente mi hermano y Miguel. Pero lo bueno llegó un poco después. La pesera se vacío y sólo quedamos sentados en la parte de atrás nosotros tres y cotraespalda del chofer una adorable viejita.

Nomás de imaginarme a mi hermano y a Miguel recordandando esto, siento que me agarra de nuevo la risa.

Seguíamos con nuestro desmadre y la viejita nomás nos miraba pelando sus ojitos lo más  que podía y sin ninguna expresión. El chofer agarró la curva del Deportivo Oceania bastante fuerte, tanto que tuvimos que sostenermos de donde fuera, y la viejita... la viejita... comezó a caer lenta, muy lentamente de lado, cual costal de papas, sin mover siquiera sus bracitos para agarrarse; cayó...cayó... y su cara seguía con la misma expresión, con los ojos pelados y sin un sólo movimiento facial. Y siguió cayendo.

No pude hacer nada para detenerla, supongo que tampoco los otros dos. Y pasó lo inevitable, lo que pensé que no debería pasar, pero pasó. Escuché el carraspeo de gargantas cuando se intenta detener una carcajada. 

Eso era lo que no debía pasar porque sabía que no iba a aguantar la risa. Agaché mi cabeza y haciendo uso de todo mi poder de concentración la contuve. Me cae que a pesar de que estabamos a punto de reír, sufríamos.

Yo nomás escuchaba como se aguantaban la risa y sentía el movimiento torácico del que iba a mi lado, no me acuerdo cuál de los dos, convulsionando sus pulmones con su carcajada interna. Sabía que si volteaba a verlos no aguantaría.

No me acuerdo en que momento y cómo se levantó la viejita, lo que si me acuerdo es haberla visto ecostada en el asiento bastante rato. Y no es que fuera grosero o descortés para ayudarla a levantarse, lo que pasa es que no podía. Si me movía iba a soltar la carcajada. 

Después cuando ya mero bajábamos pude ver, por fin, sin sentir que me ganaba la risa, a la adorable viejita ya sentada y con la misma expresión de ojos pelones y sin nunguna expresión mirándonos. No manchen, me cae que ustedes también se hubieran reído, de por sí ya veníamos muy simplones, y luego la viejita se avienta su clavado de 9.9, pues no lo pudimos soportar.

Al final un Tazo, de esos de Sabritas, desató las carcajadas cuando íbamos bajando de la combi y no dejamos de reír en un buen, pero buen rato.

Lo que sí recuerdo, y para que no quede todo nuestro honor manchado, fue que la ayudamos a subir, antes de que todo pasara. 

Es seguro que esta señora ya falleció pero su recuerdo vivirá en nuestras tres memorias por siempre. Requiem por la adorable viejita.

El mejor regalo de toda mi vida

El mejor regalo de toda mi vida

En la escuela de Sebastián organizaron el festival del Día del Padre, que en realidad fue un remix del festival del Día de la Madre (vi el video), pero con una canción de más, que precisamente cantaron los alumnos de primaria segundo B, o sea, el grupo de mi hijo.

Yo iba más preocupado por irme a trabajar que por el evento, pero bueno, Sebastián quería que fuera. ¿Cómo decepcionar a tu niño cuando se esforzó por aprenderse una canción por ti? Nos dieron la bienvenida y presentaron el primer número interpretada por ellos, segundo B, empezó la música y se me hizo un nudo en la garganta al ver entrar corriendo a mi hijo buscándome con ojos desesperados entre todos los papás.

A mi no me pareció un inconveniente quedarme atrás porque por mi estatura no me estorbaba nadie para poder ver, pero Sebastián no me localizaba y noté que eso lo angustió, así que me estiré lo más que pude para que me ubicara. Yo lo miraba y seguía con mi nudote en la garganta, no tardó en encontrarme, su cara se iluminó, me echó una sonrizota y siguió su coreografía con las notas ¡Hoy tengo que decirte papá! que más que cantar, gritaba. No me quitó la mirada de encima, cantó todo el tiempo mirándome a los ojos, feliz. En cuanto empezó a cantar se me salieron las lágrimas (ya se me salieron otra vez, nomás de acordarme), pero tenía que verlo, no podía perderme eso, así que no me agaché y dejé que se escurrieran, pero por nada iba a permitir que me estorbaran nublándome la vista... Debo admitir que me aguanté al principio, pero mis ojos no. No me importó que me vieran los que estaban junto a mí.

Terminó la canción y Sebastián me gritó desde en medio de la pista, -¡Pásate para adelante, papá!-, cosa que hizo reír a toda la gente y además, provocó que más personas se dieran cuenta de que yo estaba llorando a moco tendido.


Al final, la directora les dijo a los niños que buscaran a sus papás y les dieran el regalo que tenían para ellos. Sebastián corrió impaciente buscándome entre todo el desorden de chamacos, le llamé y volteó, corrió hacia mí, lo abrace y me entregó una taza con la letra de “Hoy tengo que decirte papá” que voy a cuidar siempre, como a un tesoro... Como al tesoro que me la regaló.

El mejor regalo de toda mi vida: Una canción y una taza.
Ustedes se preguntarán cómo lo sé si todavía me queda vida. Pues sólo lo sé.

Crónicas de Ansina: El recibimiento pandémico

Crónicas de Ansina: El recibimiento pandémico

Guenos días tengan sus mercedes.

Primero que nada, quero presentarme, me llamo Ansina, vengo llegandito a la capital, son los primeros días de abril de 2009 y mi dieron permiso de usar este conducto pa’blar con astedes.

Me dijieron que esto es un conducto, anque yo, por lo regular, puedo asomarme por los conductos, ¡pero en fin!

Mi compadre Filemón me dijo que nos vinieranos pa’l Defe, que porque acá es un lugar de rete re hartas oportunidades, ¡y sí cierto! porque nomás llegandito y conseguinos chamba acá en La Mercé, que es un mercado inorme, inmenso, y rete bonito y olorosito, nomás que apenas llevábanos dos días de llegados y que nos cai la enfermedá ésa de la injluenza; ¿y qué creen? pus que’l patrón nos despide luego luego, que porque tiníamos cara de que nos podía dar el virus ése, ¿Por qué? le dije, por su carota de indios, mi dijo, y yo dije, pues creo que es más fácil que se le pegue a usté por mugroso que a mi por indio, pero de todas jormas nos corrió.

 A mi sí me da reti’arto miedo esto que luego sacan en los pedrióricos, porque, fíjese asté, hace unos años que nos cai el Chupacabras en el pueblo, que se chupa hartas vacas y que embaraza a Julieta, la hija de doña Lety, y pus que le sale el chamaco con ojos azules, y pus desde ahí, sempre, en el pueblo, hemos sabido que la gente que tene los ojos azules es maligno pariente del Chupacabras. ¡Ah!, y luego que sube el dólar al doble de precio. ¡Cosa del diablo! Sí siñor.

Como aquí en el Defe todo es más de gente rica, pus luego luego nos hicinos de una tele, gracias al señor de Elektra que es re guena gente y nos deja ver las noticias antes de cerrar la tienda, ahí, sentaditos en el pasillo sin estorbar a las pirsonas, ¡Y en la telezota de…! …de… de… ¿De qué, compadre?... ¡Ah, sí! De plasma.

Mi comapadre ‘bia conseguido un cuarto en una casotota del centro de la cuidá, y pus ‘ora ‘tamos encerrados comiendo puras latas de frijoles, sí, latas, porque Filemón se come los frijoles, pero no importa, porque estoy jeliz en la “cúspide del universo cosmopolita” (así dice que se dice mi compadre) y ‘ora nomás ‘tamos esperando a que se termine la enfermedá, a ver si no se nos terminan primero los cincuenta pesos que tenemos.

Lo gueno de todo esto, dice mi compadre (¡es rete inteligente Filemón!) es que México pronto va a ser un país políticamente importante, porque ahora semos un país con mucha injluenzia.