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Guansaponatáin

Anécdotas

El payaso del metro

El payaso del metro

¿Qué número le corresponde a la línea azul del metro?

Nunca me he fijado, yo las identifico por colores y personajes históricos. ¿Tendrá que ver algo con mi pasado estudiantil donde lo fuerte siempre fueron las Ciencias Sociales y las Matemáticas eran cosa de otro planeta, pero no un planeta de este sistema solar, sino de uno muy muy lejano, tal vez un poco más lejano que los creados por George Lucas?

A ver. Examen. ¿Hidalgo? Padre de la patria. ¿Pino Suárez? vicepresidente durante el corto mandato de Madero (y de él, ya ven como son las balas). ¿General Anaya? Defendió el convento de Churubusco durante la intervención norteamericana. ¿Allende? Inició la independencia junto a Hidalgo. Hasta ahí… Sí, yo creo es por eso, porque de las tablas ni me acuerdo.

Pues un día iba de regreso del trabajo en esa línea, con Lila, platicando, como siempre, y entre vendedores y merolicos se subió un payaso que logró atraer la atención de toda la gente. Era bueno el condenado, te hacía reír y no era vulgar. Traía una rutina novedosa y divertida que nos hizo pasar un buen rato, y cuando le hacía una broma a alguien, les decía “no, no cierto”... Broma a la señora con la bolsa del mandado y no, no es cierto, broma al señor de traje y no, no es cierto, broma al niño panzón y no, no es cierto, y así se la paso un buen rato.

Al final de su magno espectáculo la gente, casi todos, empezaron a sacar dinero para dárselo, nosotros hicimos lo mismo, claro, y Lila, al momento de estirar su mano para darle el dinero, casi al entregarlo, la retiró y le dijo “no, no es cierto”. ¡Toda la gente soltó la carcajada!, en realidad fue una muy buena puntada, nunca se me hubiera ocurrido y a lo mejor ni lo habría hecho, y eso que me considero desinhibido. El primer sorprendido fue el payaso que se quedó desconcertado y pues ni modo, a reírse también, quiso replicar algo, pero la verdad es que Lila, con una sola jugada le había robado todo, todo el show, además de que la gente no dejaba de reírse y no podíamos oír lo que decía. Pero hasta eso lo tomó con deportivismo el muchacho. Fue muy divertido.

Pretextos para comer azúcar

Pretextos para comer azúcar

Me declaro tragón profesional, sí, soy facilito para eso de la comida y no me puedo resistir al llamado de mi estómago gritando feroz como él es -¡tengo hambre!-, pero esta anécdota no trata de mí, no, esta es de mis amigas Libertad y Liliana que un día, como a eso de las 9:30am fueron a la tienda para poder soportar la dura jornada laboral sin desvielarse, y comprar algo nutritivo y sano, porque bellas todas ellas, decidieron que debían hacer dieta y ya no sobrepasarse en eso de las calorías.

Entonces comenzaron a surtirse pero bonito, que una peletita, ¡que tanta azúcar puede tener una paletita!, que unos chicles, sin azúcar claro, y así hasta llenar la cajita que llevaban para guardar sus cosas (creo que es importante aclarar que la “cajita” es como del tamaño de una de zapatos… míos). Y al final ¡el chocolate!; -No eso sí que no.

De pronto un pastelito de chocolate (ver foto) brincó a la caja (eso dijo Liliana, yo no le creo nadita). Este delicioso manjar fue causa de una aguerrida discusión donde al final se impuso la razón, la cordura, la moderación, la fuerza de voluntad y la lógica al leer en la envoltura la palabra “Latte”.

-No, chocolate no, amiga, quedamos en ya no excedernos- Dijo Libertad muy firme.

-Pero mira, aquí dice que es LIGTH- dijo Liliana convencida de su francés.

Y entonces Liliana no lo pensó dos veces e inmediatamente y sin remordimiento serró la caja con el chocolate “LATTE” dentro, pagaron echas la mocha y salieron de la tienda antes de que el angelito bueno, ese que se aparece en el hombro pudiera reaccionar y hablarles al oído, y veloces cual gacelas salieron de la tienda, gritando como en las películas mexicanas de la Época de Oro ¡Ábranla que lleva bala! y chocolates Latte, o Light, dependiendo de cómo mire uno el vaso ¿verdad?

The Lion King Evolution

The Lion King Evolution

Salgo a comer, después de unas mega arduas sesiones de de trabajo, entre la una y las dos de la tarde; las compañeras con las que salgo son Diana, Libertad, Lila y Liliana (las puse por orden alfabético, perque luego son bien sentidas). La cosa es que en una plática de comedor salió el tema de cuando los cines eran feísimos, de cuando te daban tu bolsita de cal y un palo por si sentías una rata pasar, le aventabas la cal para poder verla y luego corretearla a palos, de cuando el sonido sólo estaba enfrente y las bocinas retumbaban como baile del Peñón de los Baños, Iztapalapa, Iztacalco o y además estaban voladas, que las pantallas se caían de mugre y todos esos pequeños detalles que son un pequeño lujo, pero creo que... "is worth it".

La cosa es que después la conversación se desvió un poco hacia las últimas películas que habíamos visto en ese tipo de cines; yo dije que había visto Volver al Futuro III en el Futurama, en Lindavista, y después dije que vi el Rey León en un cine de Guadalajara (que por cierto, es mi película favorita de Disney) y entonces Lila dijo que ella también había visto el Rey León en el cine, de hecho esa fue la primer película de caricaturas que la llevaron a ver sus papás.

Yo obviamente me indigné; que clase de papás te llevan a ver como primer película El Rey León, si su servidor ya hasta andaba vagando por las calles de Guadalajara.

Ah, pero aquí se convierte en The Lion King Evolution, porque me dice Lila con su carita de inocencia, -Bueno, es que estaba muy chiquita y fue la primera película que fui a ver-.

¡Changos, monos y gorilas! Golpe bajo a mi arrugas faciales, huracarrana a mi panza de treintaicinco, quebradora en todo lo alto a mi espalda adolorida, sentón a la Huajardo a mis lagunas mentales, etc, etc, etc, y más etcéteras... y otros más.

El Rey León ya no es mi película favorita de Disney.

Cuántos años? Pues

Cuántos años? Pues

El sábado fui al cine a ver 10.000 A.C. y el señor que estaba formado delante de mi en la taquilla comenzo una feroz y férrea discusión con la cajera porque el quería tres boletos para la película "Mil años".
-¿Diesmil antes de cristo?- Preguntó la cajera.
Tres para mil años, ¿verdá Raquel?
Y Raquel, mujer cuarentona que no le vi la cara, pero de seguro traía un ojo moro porque se veía que su esposo era de al tiro rejego y muy, pero muy hombre, nomás movió poquitito la cabeza, afirmando que sí, que lo que su viejo decía, era palabra cierta.
-Ve cómo sí, deme tres pa´ esa-
-Tres boletos para diesmil a.c. en la sala 6 a las 5:30-
-Mil años-
...
Y después de unos minutos que fueron largos largos, la cajera decidió, arriesgando que le rompieran el vidrio de la taquilla y la zarandearan por todo Cinemex Real, entregar tres boletos para la misma película que yo iba a ver.
Lo bueno fue que durante la proyección, no hubo señales de este hombre, sino por algunos gruñidos y gritos contra los malos.
Hay que sacarlos más seguido ¿no?

El pollo guapo

El pollo guapo

Mi hijo es malo, maleta, malísimo para contar chistes, (en lo que cabe en un niño de 7 años) y después de su último intento por hacerme reír decidí enseñarle uno muy conrtito y que pudiera funcionarle.
-¿cuál es el pollo más guapo?- le dije.
Algo desinteresado, pensó la respuesta como media milésima de segundo y me dijo que no sabía.
Con un ademán de brazos muy exagerado me señalé y dije -¡Po’ yo!-
Se me quedó viendo con la cabeza de lado, no sé si analizándome a mi o al chiste y se sonrió. 
-¿Entendiste?-
-Sí- Me dijo y se rió.
Entonces lo animé.
-Ve con tu mamá y cuéntale el chiste como si fuera tu maestra.
Muy nervioso, empezó tartamudeando, pero luego se controló y preguntó:
-¿Mamá?
-No,- lo detuve -has de cuenta que es tu maestra; dile maestra.
-Maestra ¿Sabe cuál es el pollo más guapo?
Su mam... Digo, la maestra la pensó un poco.
-No, no sé. ¿Cuál es?-
Y acompañado de un además de brazos muy grande, como formando un círculo, le dijo -¡Pues mi papá!

La adorable viejita

La adorable viejita

Hace algunos ayeres, cuando rondaba más o menos por la quincena de años, venía con mi hermano y mi primo Miguel de regreso a la casa, abordamos una pesera en el metro Moctezuma y ahí comenzó lo bueno.

De entre todos mis primos, creo que yo soy el más serio, o sea que imagínense el desmadre que se arma cuando nos juntamos. Para ponerlo en una balanza, en el trabajo me preguntan que de dónde se me ocurren tantas estupideces, y la verdad es que hay pocos que me den batalla; ahora, si comparamos las mías, con las que dicen mis primos, pues sí soy un amateur. De aquí podemos partir con el relato.

Ibamos a la mitad del camino de regreso a casa de mis abuelos y ya traíamos bastante divertida a la gente, bueno, más bien, traían bastante divertida a la gente mi hermano y Miguel. Pero lo bueno llegó un poco después. La pesera se vacío y sólo quedamos sentados en la parte de atrás nosotros tres y cotraespalda del chofer una adorable viejita.

Nomás de imaginarme a mi hermano y a Miguel recordandando esto, siento que me agarra de nuevo la risa.

Seguíamos con nuestro desmadre y la viejita nomás nos miraba pelando sus ojitos lo más  que podía y sin ninguna expresión. El chofer agarró la curva del Deportivo Oceania bastante fuerte, tanto que tuvimos que sostenermos de donde fuera, y la viejita... la viejita... comezó a caer lenta, muy lentamente de lado, cual costal de papas, sin mover siquiera sus bracitos para agarrarse; cayó...cayó... y su cara seguía con la misma expresión, con los ojos pelados y sin un sólo movimiento facial. Y siguió cayendo.

No pude hacer nada para detenerla, supongo que tampoco los otros dos. Y pasó lo inevitable, lo que pensé que no debería pasar, pero pasó. Escuché el carraspeo de gargantas cuando se intenta detener una carcajada. 

Eso era lo que no debía pasar porque sabía que no iba a aguantar la risa. Agaché mi cabeza y haciendo uso de todo mi poder de concentración la contuve. Me cae que a pesar de que estabamos a punto de reír, sufríamos.

Yo nomás escuchaba como se aguantaban la risa y sentía el movimiento torácico del que iba a mi lado, no me acuerdo cuál de los dos, convulsionando sus pulmones con su carcajada interna. Sabía que si volteaba a verlos no aguantaría.

No me acuerdo en que momento y cómo se levantó la viejita, lo que si me acuerdo es haberla visto ecostada en el asiento bastante rato. Y no es que fuera grosero o descortés para ayudarla a levantarse, lo que pasa es que no podía. Si me movía iba a soltar la carcajada. 

Después cuando ya mero bajábamos pude ver, por fin, sin sentir que me ganaba la risa, a la adorable viejita ya sentada y con la misma expresión de ojos pelones y sin nunguna expresión mirándonos. No manchen, me cae que ustedes también se hubieran reído, de por sí ya veníamos muy simplones, y luego la viejita se avienta su clavado de 9.9, pues no lo pudimos soportar.

Al final un Tazo, de esos de Sabritas, desató las carcajadas cuando íbamos bajando de la combi y no dejamos de reír en un buen, pero buen rato.

Lo que sí recuerdo, y para que no quede todo nuestro honor manchado, fue que la ayudamos a subir, antes de que todo pasara. 

Es seguro que esta señora ya falleció pero su recuerdo vivirá en nuestras tres memorias por siempre. Requiem por la adorable viejita.

El mejor regalo de toda mi vida

El mejor regalo de toda mi vida

En la escuela de Sebastián organizaron el festival del Día del Padre, que en realidad fue un remix del festival del Día de la Madre (vi el video), pero con una canción de más, que precisamente cantaron los alumnos de primaria segundo B, o sea, el grupo de mi hijo.

Yo iba más preocupado por irme a trabajar que por el evento, pero bueno, Sebastián quería que fuera. ¿Cómo decepcionar a tu niño cuando se esforzó por aprenderse una canción por ti? Nos dieron la bienvenida y presentaron el primer número interpretada por ellos, segundo B, empezó la música y se me hizo un nudo en la garganta al ver entrar corriendo a mi hijo buscándome con ojos desesperados entre todos los papás.

A mi no me pareció un inconveniente quedarme atrás porque por mi estatura no me estorbaba nadie para poder ver, pero Sebastián no me localizaba y noté que eso lo angustió, así que me estiré lo más que pude para que me ubicara. Yo lo miraba y seguía con mi nudote en la garganta, no tardó en encontrarme, su cara se iluminó, me echó una sonrizota y siguió su coreografía con las notas ¡Hoy tengo que decirte papá! que más que cantar, gritaba. No me quitó la mirada de encima, cantó todo el tiempo mirándome a los ojos, feliz. En cuanto empezó a cantar se me salieron las lágrimas (ya se me salieron otra vez, nomás de acordarme), pero tenía que verlo, no podía perderme eso, así que no me agaché y dejé que se escurrieran, pero por nada iba a permitir que me estorbaran nublándome la vista... Debo admitir que me aguanté al principio, pero mis ojos no. No me importó que me vieran los que estaban junto a mí.

Terminó la canción y Sebastián me gritó desde en medio de la pista, -¡Pásate para adelante, papá!-, cosa que hizo reír a toda la gente y además, provocó que más personas se dieran cuenta de que yo estaba llorando a moco tendido.


Al final, la directora les dijo a los niños que buscaran a sus papás y les dieran el regalo que tenían para ellos. Sebastián corrió impaciente buscándome entre todo el desorden de chamacos, le llamé y volteó, corrió hacia mí, lo abrace y me entregó una taza con la letra de “Hoy tengo que decirte papá” que voy a cuidar siempre, como a un tesoro... Como al tesoro que me la regaló.

El mejor regalo de toda mi vida: Una canción y una taza.
Ustedes se preguntarán cómo lo sé si todavía me queda vida. Pues sólo lo sé.