Lo más extraño
Dice mi mamá que cuando era bebé adoraba a Topo Gigio. Nada más era cosa de que apareciera en la tele, me emocionaba y gritaba "Poyoyo".
Tenía 6 años más o menos, fuimos a Acapulco mi familia y la familia de mi tía Isabel, hermana de mi mamá, yo estaba emocionado, era la primera vez que viajaba en avión y había sido emocionante, recuerdo que comparé las instalaciones del Aeropuerto de la Ciudad de México y las de Acapulco, me sorprendió la diferencia, esperaba algo similar y no fue así, era un lugar pequeño y descolorido, pero eso sí, atiborrado de gente.
Miré todo al rededor, sentía el calor y la humedad, para esa edad únicamente sabía que era una sensación nueva y buena, olía a verde. Seguía mirando las instalaciones y al mundo de gente, de pronto me di cuenta que estaba solo, no veía a ningún familiar cerca de mí, miraba a través de las personas y buscaba, entonces se me acercó un hombre alto, no muy grande pero sí canoso, tendría unos 45 años, caminó entre la multitud, se detuvo frente a mí, lo vi enorme, me observó entrecerrando los ojos y me dijo -toma niño.
Me dio un Topo Gigio como de treinta centímetro montado en una bicicleta de latón y se alejó, me le quedé mirando impresionado mientras se alejaba, ya no volteó. Lo miré hasta que la gente me impidió localizarlo, en ese momento volví la vista al juguete. Después mi tío Miguel me tomo por la espalda, del hombro, y me llevó con la familia. Les conté lo que había pasado, mi tío y mi papá estiraron sus cuellos, buscando, algo preocupados, mientras los restantes examinaban al ratón. Yo nada más estaba confundido.
No sé si se dio cuenta que yo estaba perdido, creo que no, creo que él era el más perdido de los dos.
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